
El Rey del Pop (con mayúsculas) ha muerto. Michael Jackson, de 50 años, ha fallecido al parecer por un paro cardíaco, cuando se encontraba en su casa de Los Angeles.
Pasará a la historia como una de las figuras más controvertidas de la historia de la música, y por ser la única persona conocida capaz de cambiar de color de piel. Pero también por sus imitadísimos bailes, su particular voz, sus exitazos, y por haber conseguido con su disco Thriller (1982) ser el disco más vendido de todos los tiempos, con más de 100 millones de copias vendidas en todo el mundo. Como toda gran estrella, tuvo sus luces y sus sombras -nunca mejor dicho-. Su muerte clínica ha provocado las lágrimas de sus incondicionales, pero su muerte artística se produjo hace unos 10 años, cuando la locura se terminó apoderando de él.
En mi memoria siempre quedarán la melodía de Billie Jean, Rock With You, Beat It, She’s Out Of My Life… esas canciones que mi madre solía poner en el equipo de música porque era lo que se bailaba en su época, y que marcaron mi infancia. También me quedaré con ese archiconocido videoclip, Thriller, considerado por la mayoría de la crítica como el mejor video musical de la historia.
Atrás quedaron sus éxitos, su dinero, su locura, su peculiar estilo, sus supuestos romances -con niños y con Madonna- y sus eléctricos movimientos. Todo ello ha desaparecido, como lágrimas en la lluvia. Descanse en Paz.
Miguel Ríos, icono del rock español durante los últimos 50 años, lo deja. Es cierto que los viejos rockeros nunca mueren, pero se jubilan. ¿Decisión equivocada? Es posible, porque el potencial del granadino sigue siendo majestuoso, y lo demostró con un disco sensacional el pasado año.
Jorge Bucay es un psicólogo argentino, muy conocido por sus libros de autoayuda, como pueden ser Cartas para Claudia, Déjame que te cuente o Amarse con los ojos abiertos. En uno de estos libros, llamado Veinte pasos hacia adelante, encontramos una historia real, que demuestra que muchas veces lo más simple es mejor que lo complejo. Esta es la historia, tal y como la cuenta Jorge Bucay.