Manuel A. Murga IV


“Y sus dolores, eran míos sus dolores, porque era un dolor de amores y su miedo era mi miedo.No hubo santos en el cielo a los que no recé esa noche. Y sus dolores con su mano se me fueron cuando me dijo ‘te quiero’, ahora hay que ponerle un nombre…” (Carnecita de gallina. Los Piratas. Antonio Martínez Ares. 1998)

Cuando nace un niño, ahora estamos acostumbrados a preguntarle a los padres cuál será el nombre al que responderá el retoño.

– ¿Y cómo le vas a poner Mari?

– El padre quería Juan, pero al final va a ser Jonathan.

Insisto, eso es algo de ahora. Los progenitores discuten el nombre que más les gusta y suele ocurrir que el padre quiere que alguno de sus varones lleve su nombre, aunque también hay quién prefiere llamarle como aquel futbolista tan famoso que está ahora de moda o esa chica que sale mucho en la tele, por no hablar de los más recientes, pero no por ellos menos típicos Jonathan o Jessica. Otra práctica de gran éxito son los nombres múltiples, de la que mi madre también fue seguidora.

Antes no era así, sobre todo en los pueblos, que no eran como los pueblos de hoy, que la globalización ha acercado mucho, sino sitios donde las tradiciones se respetaban a rajatabla y los valores y la familia todavía eran algo prioritario. Por supuesto hay tantas variables como municipios en España, y yo ahora voy a contar cómo se decidía el nombre en el pueblo de mi madre, Arcos de la Frontera.

La premisa era básica y fácil, respeto a los abuelos: el primer niño, o niña, siempre llevaría el nombre de uno de los abuelos por parte paterna, y el segundo por la parte materna. Eso sí, no solía ocurrir que si nacía primero una niña, se le pusiera el del abuelo en femenino, se usaba el de la abuela. Así, si un señor tenía una descendencia de unos nueve vástagos y se llamaba Teodoro, como mi bisabuelo, cada varón llamaba así a su progenitor, y las hembras (antes se decía así, aunque ahora no suene muy bien) hacían lo propio con su segundo macho (formas de hablar en el pueblo). Lo mismo con las abuelas y las nietas. Esto lo que provocaba es que, en una camada de unos 60 nietos, haya siete u ocho Teodoros (mi abuela no tuvo hijos varones) y sendas María Esperanzas (mi bisabuela).

Y no era algo que se pudiera contrariar así como así, había auténticas peleas familiares porque un hijo decidiera cambiar la tradición. Mi abuela Antonia le puso María Luisa a mi tía cuando, por tradición, le correspondía María Esperanza, y cuenta mi madre que mi bisabuela se pilló un buen cabreo. Y eso que era el nombre de su madre.

Gracias a esa gran costumbre, el que escribe, suscribe y reescribe, tiene el honor de tener el título honorífico de Manuel A. (ese gran nombre de Alejandro que metió mi madre) Murga IV -en EEUU se lleva mucho esto de ponerse el II o el III-, hijo primogénito de Manuel Murga Ayllón, nieto de Manuel Murga Gómez, benjamín -si hubiera sido el mayor se llamaría Antonio y se jodería la entrada- del iniciador de la saga Manuel Murga -senior que se diría-. Continuará… (o eso espero😉 )

8 comentarios so far »

  1. 1

    ale87xerez said,

    jajaj te llevo una ventaja de 2 xDD

  2. 2

    cerote said,

    Yo soy Juan Antonio Moreno II y me encargare personalmente de crear una saga capaz hacerte frente en el futuro😛

  3. 3

    Sara said,

    Esto se nos va de las manos…

  4. 4

    José Luis said,

    Algún día Alejandro reinarás con ese nombre. Yo me encargaré de ello aunque me cueste la vida.

  5. 5

    ale87xerez said,

    No voy porque me dan miedo los toros sueltos por la calle

  6. 6

    Sara said,

    Pero ¿no vas como forma de reivindicar tu inconformismo? xD ¿De que va lo del toro?

  7. 7

    ale87xerez said,

    Por supuesto que sí, los pueblos, bueno los viejos del pueblo, son una fuente de sabiduría. A mi se me cae la baba cada vez k veo a mi abuelo o mi madre hablar sobre las costumbres que tenían antes.
    En Arcos sólo hacen lo del toro del Aleluya los domingos de resurrección… pero yo no voy xD

  8. 8

    Sara said,

    Los pueblos tienen mucho que decir…aunque sus costumbres no estén muy bien vistas en los tiempos modernos y en las grandes ciudades…pero son costumbres, tradiciones y cultura popular, como bien dice la entrada, y como tales dignas de respeto.
    Por cierto, ¿en Arcos hacen cosas raras con animales? A parte de las matanzas y lo tipico de cargarse cochinos (al menos lo aprovechan todo bien).
    Pd: Vaya compromiso lo de los nombres…


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