Cabeza de turco


A pesar de lo que Gunter Wallraff intentó demostrar con su libro Cabeza de Turco, no hace falta ser inmigrante para ser tratado como una auténtica escoria. Ni para tener trabajos infrahumanos en los que ni siquiera tengamos seguro laboral. Ni para que la gente te mire por encima del hombro por el hecho de ganar más dinero que tú. Por desgracia, esto es bastante habitual.

Cuando las circunstancias personales llevan a uno a dejar los estudios, bien porque no se es lo suficientemente maduro como para querer estudiar, bien por motivos de causa mayor, lo que queda es una vida de perros. Una vida en la que hay que luchar por un puesto de trabajo lo menos malo posible. Y, si puede ser que dure algunos añitos, gloria bendita. Aunque esto para muchos ya sea pedir demasiado.

Son millones los españoles que viven una vida en la que para llegar a final de mes tienen que hacer verdaderos trucos de prestidigitación. Una vida en la que la incultura les hace ser esclavos ante cualquiera que tenga dos dedos de frente o de malicia y los quiera manejar a su antojo, una vida en la que es imposible comprar siquiera un espacio suficiente donde habitar.

Es bastante habitual que cuando alguien se monta en un autobús o en el metro se le escapen miradas inquisitoriales hacia aquellas personas que pertenecen a una clase social más baja, hacia aquellas que vienen con la ropa sucia y con una cara marcada a fuego por las cicatrices de la vida, o hacia aquellos inmigrantes que portan en una bolsa de basura todo cuanto poseen. Y mejor no hablar de las personas que ni siquiera usan estos medios de transporte.

Pero no nos damos cuenta de que son ellos los que tienen que sufrir para que haya gente como nosotros que podamos vivir para poder mirarlos mal. Son ellos los que hacen el trabajo sucio que permite que otros muchos disfrutemos de toda la vida que ellos no pueden disfrutar. No nos damos cuenta, al fin y al cabo, que somos nosotros mismos los responsables –directa e indirectamente- de que tengan que vivir así. Creamos esos monstruos y luego nos repugnan. Y es que estas personas no tienen elección, o son esclavos o no comen. Esclavos modernos que necesitan del dinero de unas empresas que cada vez ofrecen más fórmulas opresivas bajo el lazo de becario, trabajo temporal o a tiempo parcial.

Hay recursos para todos, si se saben administrar. Por eso lo que más me asombra es que tal vez a los gobiernos les pueda interesar esta situación. Está demostrado que los gobiernos occidentales perpetúan la existencia del Tercer Mundo. De hecho, el ejemplo lo tenemos cerca. Hizo falta muy poco esfuerzo por parte de los norteamericanos para levantar a un país como hiz con España con una ayuda económica que llegó por conveniencia y no por solidaridad. Pero lo que no sabíamos es que también a estos gobiernos les interesa la existencia de un Cuarto Mundo, es decir, la pobreza dentro del mundo occidental. Más que necesaria, parece ya obligatoria la existencia en las grandes ciudades de barrios periféricos en los que aglutinar a toda la plebe. Barrios en los que ni siquiera se invierte pesar de que son los que más los necesitan. Cuanto más lejos mejor, no vaya a ser que luego vea a algún sucio de esos por el centro de la ciudad y me tenga que cambiar de acera.

A pesar de todo ello, para mí el motivo de mayor escándalo de todos es el hecho de que para que las personas que no viven en estas condiciones conozcan que este tipo de vida existe, tengan que leerlo en un libro -lo más apartado que hay de la realidad, como también mi artículo- porque son incapaces de reconocer el problema que tienen ante sus narices por ellos mismos. De hecho, Cabeza de Turco se convirtió rápidamente en un Best-Seller, en uno de esos libros imprescindibles, que además causó verdadero estupor entre la población. He aquí la mayor incultura de todas.

2 comentarios so far »

  1. 1

    Johnf742 said,

    Keep working ,fantastic job! gabcecgcabkb

  2. 2

    José said,

    Acabo de leer el libro por recomendación de un amigo alemán y me ha parecido de rabiosa actualidad. Para que existan estos “mundos” nosotros ayudamos comprando las camisetas del H&M a 3 € entre otras cosas. Comparto absolutamente contigo toda la opinión acerca de lo que has escrito, he descubierto de rebote esta entrada buscando algo escrito en español sobre este libro y creo que es de las críticas hacía esta cada día más hipócrita sociedad, más certeras que he leído en los últimos tiempos. Gracias.


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