A veces lo simple es más efectivo


Jorge Bucay es un psicólogo argentino, muy conocido por sus libros de autoayuda, como pueden ser Cartas para Claudia, Déjame que te cuente o Amarse con los ojos abiertos. En uno de estos libros, llamado Veinte pasos hacia adelante, encontramos una historia real, que demuestra que muchas veces lo más simple es mejor que lo complejo. Esta es la historia, tal y como la cuenta Jorge Bucay.

Hace muchos años, en plena carrera espacial, Estados Unidos y la Unión Soviética se esforzaban en ser los primeros en llegar a la luna. La vanidad, el reconocimiento mundial, el prestigio científico y el presupuesto de la NASA y su equivalente ruso estaban en juego.

La tecnología era por supuesto la clave. Tecnología y desarrollo al servicio de cada problema, de cada detalle, de cada situación que, con seguridad, se iba a presentar o que imprevistamente podía llegar a presentarse; sobre todo de cara a los efectos de la ausencia de la gravedad y a los demás factores de la vida en el espacio.

La experiencia conllevaba dos grandes pasos, comunes a toda exploración científica: primero, hacerlo posible y, segundo registrarlo todo. Dado que la informática no contaba todavía con microchips, era esencial que los astronautas realizaran registros exactos en vivo y por escrito de cada vivencia, situación, problema o descubrimiento. Esto condujo a un problema tan menor en apariencia, que nadie había pensado en él antes de lanzarse al proyecto: sin gravedad la tinta de los bolígrafos no corre. Este pequeño punto pareció ser crucial en aquellos tiempos. El grupo que consiguiera resolver esta dificultad ganaría, al parecer, la carrera espacial. Nunca antes en la historia del mundo la caligrafía había resultado tan importante.

El Gobierno de Estados Unidos invirtió literalmente millones de dólares en financiar a un grupo de científicos para que pensaran exclusivamente en este punto. Al cabo de algunos meses de tarea incansable, los inventores yanquis presentaron un proyecto ultrasecreto. Se trataba de un bolígrafo que contenía en su interior un mecanismo de minibombeo, que desafiaba la fuerza de la gravedad. El artefacto era perfecto. Este pequeño invento permitió destrabar, primero, un viaje a la Luna y, después, produjo un cambio fenomenal en la fabricación de bolígrafos (para bien y para mal, gracias a este episodio, toda una generación de jóvenes pudo escribir grafítis obscenos y declaraciones de amor profano en los techos de sus aulas y en los baños de todo el mundo).

Estados Unidos llegó primero a la Luna, pero ciertamente no fue porque los rusos no hubieran podido resolver el tema de la tinta. De hecho, ellos habían solucionado ese problema unas horas después de detectar la dificultad planteada por la ausencia de gravedad… los científicos de la Unión Soviética simplemente renunciaron a los bolígrafos y decidieron reemplazarlos por lápices.

1 Response so far »

  1. 1

    ale87xerez said,

    Grande la madre Rusia! Una lástima que Stalin se aficionara a los gulags…


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