Karpov vs. Kasparov 22 años después


La historia del ajedrez está llena de duelos feroces que trascendían los tableros, ya que no sólo se suelen enfrentar dos deportistas, sino dos modos de entender la vida. Pero jamás un duelo fue tan enconado como el que tuvieron Anatoli Karpov y Gari Kasparov. Durante diez años, que van de 1985 a 1995, ningún otro ajedrecista llegó siquiera a poner en peligro la hegemonía de ambos. Los maestros rusos reviven su enconada rivalidad desde hoy, y hasta pasado mañana, día 24 de septiembre, en un match a 12 partidas en la ciudad de Valencia, donde se celebra el simposio “Valencia, cuna del ajedrez moderno”. Este encuentro mundial supone un homenaje al ajedrez actual, ya que fue en la capital del Turia donde, en el siglo XV, se fijaron las reglas del juego.

Los rusos ya se enfrentaron hace 22 años en Sevilla, un 10 de octubre de 1987, en un apasionante campeonato del mundo, que pasó a la historia por su tremenda igualdad. El enfrentamiento, que terminó con empate a 12 puntos -lo que supuso la victoria de Kaspárov, que era quien defendía el trono mundial- provocó que durante los tres meses que duró, los rifirrafes entre caballos, peones y reinas fuesen seguidos por unos 300 millones de telespectadores con más interés que una Guerra Fría que vivía sus últimos coletazos. Tras la derrota, Karpov jamás volvería a ser el mismo.

El duelo fue tan importante que todos los aspectos organizativos debían ser estudiados al detalle. Cada jugador, receloso de que su contrincante recibiera cualquier tipo de ventaja extra, por mínima que fuera, exigió que el trato dado a cada una de las diligencias fuese exactamente el mismo. Además, ambos jugadores estudiaron hasta el más mínimo detalle la ciudad y el escenario del enfrentamiento, un Teatro Lope de Vega reformado expresamente para la ocasión –con una reforma valorada en 100 millones de las antiguas pesetas- desde varias semanas antes del match.

Enemigos acérrimos, Karpov era funcionario del régimen soviético. Mientras, la irrupción de Kasparov, el campeón del mundo más joven de la historia y demócrata convencido, fue asociada a la “perestroika” de Gorbachov. Finalmente, pudo “derrocar” a Karpov, el favorito del régimen. “El hijo del cambio”, como se le conocía, llegó a afirmar meses antes del enfrentamiento de Sevilla que “si Karpov venciera, sería perjudicial para el ajedrez porque la rueda de la historia iría hacia atrás. Hay dos campeones del mundo: Yo soy el hombre del cambio, y Karpov representa y defiende el viejo régimen”. Hoy día ambos rivales han enterrado el hacha de guerra, y mientras Kasparov se dedica a la política, Karpov se resiste aún a abandonar el ajedrez y es embajador de buena voluntad de UNICEF.

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