El mundo según Monsanto


¿Cómo calificar a una compañía responsable de la fabricación del agente naranja usado en la guerra de Vietnam, que causó 400.000 muertos y unos 500.000 nacimientos de niños con malformaciones? Cuanto menos, como sospechosa. Con tan mala carta de presentación saltó Monsanto a la palestra hace una década para mostrar su nuevo retoño: cultivos modificados genéticamente. La fama de los padres precede a los hijos y en este caso, los transgénicos tenían a todo el vecindario de uñas.

Monsanto nace en 1901 en EEUU y en sus más de 100 años de existencia ha sabido poner en práctica aquello del renovarse o morir, pasando de distribuir sacarina a producir biotecnología. En este tiempo la multinacional se ha mantenido a flote, a pesar de verse envuelta en numerosos escándalos sanitarios. Monsanto ha fabricado sacarinas, aceites o insecticidas, pero sin duda lo que más ha creado ha sido polémica.

En la década de los 60 la compañía se dedicó a la elaboración del agente naranja. Posteriormente se produciría una de sus primeras incursiones en la tecnología genética, con la sintetización de la hormona somatropina bovina, que generó un debate sobre la posible virulencia en la biología de las vacas (actualmente, esta hormona está prohibida en Canadá y la Unión Europea). Ya en los 70 se retiraron del mercado los aceites dieléctricos con PCB, otro de los productos made in Monsanto, tras descubrirse que contenían un agente contaminante.

En la última década, Monsanto ha producido los cultivos transgénicos, siendo éste su último caballo de batalla con la opinión pública. Se han publicado varios documentales que denuncian los métodos de la compañía. La grabación más conocida es “El mundo según Monsanto” de la periodista francesa Marie Monique Robin, que denuncia la fraudulencia del proceso de investigación y la puesta en marcha de los cultivos transgénicos: “Es una empresa criminal por su historia, por su comportamiento y por esconder los hechos. El 90% de la semilla transgénica pertenece a esta firma. Yo cuento casos de científicos que trataron de hacer los estudios sobre transgénicos y que han terminado fuera de la universidad”. Además, Robin también critica duramente los posibles efectos nocivos de estos cultivos: “Me preocupa la toxicidad crónica, que desencadene en un cáncer, por ejemplo, sobre eso no se han hecho estudios que lo demuestren”.


Por su parte, Monsanto se defiende mostrándose al mundo como “una empresa agrícola que aplica innovación para ayudar a agricultores de todo el mundo a tener éxito y a producir alimentos más saludables, al mismo tiempo que reduce el impacto de la agricultura sobre el medio ambiente”. Para afianzar esta afirmación, la compañía describe sus principios en el “Compromiso Monsanto”. Y en los últimos años, como toda buena empresa multinacional, ha centrado sus esfuerzos en buscar la imagen de respeto al entorno.

Una vez ampliada la información, ¿cómo calificar a Monsanto? Probablemente como una empresa norteamericana que supo aprovechar el descontrol medioambiental de mitad de siglo y que ahora se ha puesto al frente de una tecnología con posibilidades. ¿Al hijo hay que achacarle los delitos del padre? Júzguenlo ustedes.

¿Cómo calificar a una compañía responsable de la fabricación del agente naranja usado en la guerra de Vietnam, que causó 400.000 muertos y unos 500.000 nacimientos de niños con malformaciones? Cuanto menos, como sospechosa. Con tan mala carta de presentación saltó Monsanto a la palestra hace una década para presentar a su nuevo hijo: cultivos modificados genéticamente. La fama de los padres precede a los hijos y en este caso, los transgénicos tenían a todo el vecindario de uñas.
Monsanto nace en 1901 en EEUU y en sus más de 100 años de existencia ha sabido poner en práctica aquello del renovarse o morir, pasando de distribuir sacarina a producir biotecnología. En este tiempo la multinacional ha sabido mantenerse a flote, a pesar de verse envuelta en numerosos escándolos sanitarios. Monsanto ha fabricado sacarinas, aceites o insecticidas, pero sin duda lo que más ha creado ha sido polémica.

En la década de los 60 la compañía se dedicó a la fabricación del agente naranja. Posteriormente se produciría una de sus primeras incursiones en la tecnología genética, con la sintetización de la hormona somatropina bovina, que generó un debate sobre la posible virulencia en la biología de las vacas (actualmente, esta hormona está prohibida en Canadá y la Unión Europea). Ya en los 70 se retiraron del mercado los aceites dieléctricos con PCB, otro de los productos made in Monsanto, tras descubrirse que contenían un agente contaminante.
En la última década, Monsanto ha producido los cultivos transgénicos, siendo éste su último caballo de batalla con la opinión pública. Se han publicado varios documentales que denuncian los métodos de la compañía. La grabación más conocida es “El mundo según Monsanto” de la periodista francesa Marie Monique Robin, que denuncia la fraudulencia del proceso de investigación y la puesta en marcha de los cultivos transgénicos: “Es una empresa criminal por su historia, por su comportamiento y por esconder los hechos. El 90% de la semilla transgénica pertenece a esta firma. Yo cuento casos de científicos que trataron de hacer los estudios sobre transgénicos y que han terminado fuera de la universidad”. Además, Robin también critica duramente los posibles efectos nocivos de estos cultivos: “Me preocupa la toxicidad crónica, que desencadene en un cáncer, por ejemplo, sobre eso no se han hecho estudios que lo demuestren”.

Por su parte, Monsanto se defiende mostrándose al mundo como “una empresa agrícola que aplica innovación para ayudar a agricultores de todo el mundo a tener éxito y a producir alimentos más saludables, al mismo tiempo que reduce el impacto de la agricultura sobre el medio-ambiente”. Para afianzar esta afirmación, la compañía describe sus principios en el “Compromiso Monsanto. Y en los últimos años, como toda buena empresa multinacional, ha centrado sus esfuerzos en buscar la imagen de respeto al medio ambiente.

Una vez ampliada la información, ¿cómo calificar a Monsanto? Probablemente como una empresa norteamericana que supo aprovechar el descontrol medioambiental de mitad de siglo y que ahora se ha puesto al frente de una tecnología con posibilidades. ¿Al hijo hay que achacarle los delitos del padre? Júzguenlo ustedes.

1 Response so far »

  1. 1

    Catusa said,

    Hola Almanzor, aquí estoy metiendo las narices en tu blog, es estupendo y tienes todas mis simpatías al ser seguidor de los carnavales de Cadiz, nunca estuve en ellos pero me encanta oirlos.
    El tema de Monsanto en mi caso es visceral, por supuesto hay que estar al lado de las nuevas tecnologías y lo último en investigación, lo que pasa es que de manera genérica, lo de fuerte que abusa de débil, lo llevo mal.
    Hasta otro momento.


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