Wilder y sus plumas sin escrúpulos


primera-planaEn el Chicago de 1929 de Billy Wilder las noticias se escriben a base de afilados titulares, sobornos políticos y algún que otro trago de whisky. Lo demás, son sólo quimeras de jovenzuelos universitarios recién sacados de sus pupitres academicistas.

Primera Plana es una de esas joyas cinematográficas que además de conseguir risas mordaces, inteligentes y sarcásticas, saben recoger imágenes de la realidad más deplorable. En este caso, el espectador encuentra en la pantalla la verdad de lo falaz del mundo periodístico.

El argumento es el siguiente: 6 de Junio de 1929, Chicago. Los periodistas de los diarios más importantes de la ciudad esperan expectantes en la sala de prensa del edificio de los juzgados la ejecución de Earl William (Austin Pendleton), asesino confeso de un agente de policía. Mientras, Walter Burns (Walter Matthau), director del Chicago Examiner, intenta convencer con toda clase de artimañas a su mejor reportero, Hildy Johnson (Jack Lemmon), para que se encargue de la noticia. Sin embargo, Hildy rechaza cubrirla y se despide del trabajo para casarse con Peggy Grant (Susan Sarandon) y marcharse a Filadelfia como publicista. Entre las tretas del director, se encuentra la de realizar una fotografía en la horca a través de una cámara oculta. Entre tanto, el preso consigue huir tras pasar por las manos del Dr. Eggenhofer (Martin Gabel), experto en psicopatías. Es en ese momento cuando Williams logra escaparse del sheriff Hartman (Vincent Gardenia) hasta ser encontrado por Hildy.

En cuanto a la reflexión sobre la empresa informativa cabe destacar el proceso de producción en el comienzo de la película, en el que se observan los pasos de la elaboración del producto: redacción, composición, rotativa y distribución. A lo largo de la historia también se aprecian estos pasos, no sólo a la hora de redactar la noticia a través de la maquina de escribir, también en la sala de fotografía o al final, cuando los protagonistas viajan en la furgoneta de distribución de periódicos.

Otro de los aspectos a señalar es la responsabilidad social que adquiere este tipo de empresa. La actitud de los periodistas es de nulo compromiso, mantienen una profesionalidad carente de valores, en el que prevalecen los rumores, el morbo y la falsedad de datos a la ética periodística. Billy Wilder nos acerca a esta situación de un modo cómico, sin embargo, es evidente que la película es, ante todo, una crítica constante a este periodismo sin escrúpulos, ofreciendo al cliente la búsqueda no de información, más bien de entretenimiento y en ocasiones, de sucesos inverosímiles.

Ante esto, surge la necesidad de crear el debate en torno a la necesidad del compromiso con la sociedad, la selección de temas, el estilo informativo frente al editorializante o la importantísima labor de los medios en la opinión pública.

Primera plana no es cine, es teatro, es la puesta en escena de numerosos artistas, unos detrás de otros, escena a escena. Es teatro por la cercanía con el espectador y con la temática. Es teatro porque Wilder no sólo sabe captar la atención de la cámara, sabe guiñar al espectador aunque hayan pasado más de treinta años de su estreno.

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